viernes, 15 de julio de 2016

Tres días, tres citas. O eso se supone.

Hace un mes publiqué la primera entrega de un TAG al que me habían nominado. Me pasé un poco por mis inexistencias las normas que dictaba y fui un poco por libre. Qué más dará.

Las normas del mismo y todos los cambios que hice van en el primer post que hice sobre esto, aquí mismo. Paso de volver a explicarlo porque sería una pérdida de tiempo y espacio. Prosigamos.



Hace cosa de un par de semanas (o menos, incluso) estaba hablando con un muy buen amigo mío sobre citas con las que podría liar mi mente y estrenarme. Bueno, no fueron esas las palabras, sólo le preguntaba por sugerencias. Pero bueno, me puso algo parecido a un reto. No era un reto, pero así me lo tomé. Me dijo que podría hablar sobre algo que hiciera referencia a la perfección. Como no me dijo a qué clase de perfección se refería, me dejo llevar por mi alma.

Estuve comunicándome con un escritor. No físicamente, no mentalmente. No fue una conversación, fue una simple frase que se clavó en mi corazón por enésima vez.

Las malas lenguas asumen que un retrato como este
es capaz de definirlo. No sé yo que deciros.
Procurando lo mejor estropeamos a menudo lo que está bien.
¿Quién es el listo que pone en duda esta frase de William Shakespeare? Que se postre en los comentarios, que estoy dispuesta a leer sus argumentos. Ya veremos cómo se le da.

Como sea, vayamos al tema. En esta frase Will tenía razón y no se la vamos a quitar. Creo que a hemos entendido todos y bien podría dejar esto tal cual y publicarlo. Pero como soy yo y eso me parece demasiado fácil, vamos a comernos la cabeza.

Con esta frase me viene a la cabeza la película "Efecto mariposa". Ni siquiera la he visto, pero tengo una ligera idea que me dice de lo que va la historia.

En este tipo de trama se nos muestra un deseo humano muy frecuente: querer remendar los errores del pasado. A mí me parece un poco estúpido porque crea una situación muy paradójica que haría que nos explotara más de una neurona.

Con esta reflexión voy a ser completamente subjetiva porque no puedo generalizar mi opinión social. Eso sería de estúpida, generalizar algo que o debería generalizarse sólo para mantener una posición neutral.

Soy una persona que aborrece el remordimiento como estado propio de mi cerebro. Las cosas han pasado por algo, todo tiene su causa y efecto y yo no voy a intentar cambiar nada que no puedo. Antes me pasaba a menudo, formular un "Y si..." permanente en mi cerebro. Tampoco lo cambiaría. Eso es algo que ha influido en mi manera de llevar la vida y de pensar y actuar y no lo cambiaría porque todo eso me hace ser como soy en el momento y el lugar en que vivo. Forma parte de mi esencia. ¿Nos vamos entendiendo?

Pondré un ejemplo más sencillo. Imaginemos que ayer presencié un accidente. Fue muy grave, un camionero se llevó por delante a un hombre trajeado que debía ir con prisa al trabajo. Me hace pensar en lo frágiles que somos en realidad y en el poco valor que puede nuestra existencia llegar a suponer. Saber que en cualquier momento podríamos perder la vida sin esperárnoslo. Me hace reflexionar. Ahora imaginemos que se me presenta  DE ANTEMANO la posibilidad de arreglar un error y avisar a aquel hombre para que no pase con el semáforo en rojo. Si lo aceptara y llevara a cabo esa misma acción cambiaría mi futuro, no sería como soy ahora. Quizás por un simple ápice, porque no llegaría a reflexionar sobre lo dicho antes.

Ese es un ejemplo exagerado y no retrata la esencia de la cita elegida.

Pongamos que tenemos una cita. Pensamos en lo mejor, cómo hacer que sea perfecta, lo adecuado para ella... He quedado con una persona especial para mí y no quiero que nada salga mal. Pues eso mismo ya está mal. Se pierde la espontaneidad, se siente muy artificial y puede hacer sentir incómoda a esa persona con la que salgo. Un exceso de planificación puede provocar que ante situaciones inesperadas fuera del plan nos quedemos paralizados sin saber que hacer. Obviamente, las cosas podrían volverse nefastas. Podrían acabar bien,  pero como persona pesimista que soy no creo que siempre sea el caso.

Este ejemplo pilla un poco mejor lo que quiero explicar. Realmente no se me ocurría algo menos trillado, pero creo que es lo adecuado para explicarme.

A donde quiero llegar es que lo mejor es dejar que las cosas sigan su curso. Que salgan como salgan, tal cual. Buscar la perfección no es bueno. No lo digo yo, lo dice Shakespeare, y os aseguro que era un hombre sabio.

¡Nos leemos!

Más: Primera cita // Tercera cita

P. D. Desde aquí un saludo a mi amigo, por si me lee. Creó que malinterpretó mi pregunta, pero es gracias a él que encontré esta frase.

2 comentarios:

  1. Buscar la perfección es simplemente estupido. La perfección esta guiada por ideas personales, y por lo general tiende a ser artificial o estupida.

    Pongamos un ejemplo, para mi un lugar perfecto es un edificio abandonado, luminoso y solitario cerca de la playa(lugar desde el que escribo ahora mismo). Con ese sentido de lo perfecto, como podría buscar la perfección al hacer un edificio? Sería absurdo! Al igual que buscarla en cualquier otro aspecto de la vida.

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    1. Oh, vaya, veo que has cumplido con lo que dijiste. Me alegra leerte por aquí ^^

      La verdad es que en ese sentido tienes mucha razón. La perfección es algo tan subjetivo que es estúpido calificarlo como tal. Pero parece que todavía hay gente obsesionada con la perfección.

      Edgar Allan Poe dijo una vez:

      "No tengo fe en la perfección humana. El hombre es ahora más activo, no más feliz, ni más inteligente, de lo que lo fuera hace 6000 años."

      Poe tenía razón. Y como él no tiene fe en la perfección humana, yo no tengo fe en el concepto de la perfección. Es como calificar algo de "normal"...

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